La capa exterior (epidermis)
de la piel normal se renueva en forma continua. Aproximadamente cada 28
días las células que nacieron en la zona más profunda
de la epidermis, son eliminadas como escamas en la superficie de la piel.
Diferentes factores contribuyen para que este proceso ordenado se altere
y se produzcan los tumores de piel. De todos los factores conocidos,
(aún se desconocen muchos), la exposición solar excesiva,
con quemaduras en la infancia, es la más importante.
Los cánceres de piel más comunes comienzan
en las células de la capa más superficial o exterior de
la piel (epidermis). Tienen su origen en las células llamadas queratinocitos
y menos frecuentemente, en los melanocitos (células
de pigmento).
Cuando células de alguno de estos tipos crecen
en forma descontrolada, sin respetar los pasos normales para su crecimiento
y maduración, independizándose de sus hermanas normales,
comienza el desarrollo del cáncer. Además, pueden desprenderse
del tejido que les dio origen, para viajar y alojarse en órganos
alejados. Ahí se multiplican, generando así nuevos tumores
denominados metástasis.
Conviene resaltar algunas características de los
cánceres de piel:
• Por lo general
crecen en la superficie de la piel y por ello son fácilmente visibles.
• Muchos
crecen lentamente, o lo suficientemente lento como para que una persona
alerta pueda examinar su piel y reconocer el tumor como algo extraño
y consultar precozmente.
• El diagnóstico
es relativamente simple y de bajo costo: requiere un médico dermatólogo
experto y una biopsia de piel, procedimiento quirúrgico indoloro,
simple y carente de complicaciones para el paciente.
• Si el diagnóstico
es precoz, la mayoría de los tumores malignos de piel son fácilmente
extirpables, por diferentes métodos, y la curación es mayor
al 95%.
• Aún
aquellos pacientes con daño solar en su piel, y por ende con mayor
riesgo de desarrollar cánceres de piel, pueden prevenir nuevos
tumores practicando las medidas sencillas para protegerse del
sol.
Lesiones pre-cancerosas o pre-neoplásicas Entre los muchos cambios de la piel producidos
por los rayos ultravioletas, merecen destacarse las llamadas Queratosis
actínicas. Son pequeñas manchas o relieves rojizos
de la piel, con escamas o costras, frecuentemente múltiples y diseminadas
en la piel expuesta al sol. Se las encuentra en la cara, las orejas, el
cuero cabelludo de los calvos, el dorso de las manos y la zona del escote;
a veces pueden picar o resultar dolorosas a la presión. Si se inflaman
(a menudo luego de un episodio de exposición solar sin adecuada
protección) pueden sangrar.
Su importancia radica en que denuncian una piel muy dañada por
el sol y que algunas de ellas pueden transformarse en verdaderos
cánceres (esto explica lo de pre-cancerosas).